La Ciudad Lineal de Arturo Soria y el proyecto que quiso cambiar Madrid
Quien vive en Ciudad Lineal está acostumbrado a escuchar dos nombres constantemente: Ciudad Lineal y Arturo Soria. Hay una calle, una estación de Metro, un distrito entero y multitud de comercios y servicios que utilizan esas referencias.
Lo curioso es que mucha gente pasa años viviendo aquí sin saber que detrás del nombre existe uno de los proyectos urbanísticos más singulares que se plantearon en Madrid.
La Ciudad Lineal de Arturo Soria nació a finales del siglo XIX como una forma completamente diferente de imaginar el crecimiento de las ciudades. Frente a un Madrid cada vez más congestionado, Arturo Soria propuso extender la población siguiendo una gran línea de transporte, con viviendas rodeadas de jardín y huerta y con servicios repartidos a lo largo del recorrido.

La idea completa nunca llegó a hacerse realidad. De los cerca de 50 kilómetros previstos alrededor de Madrid solo se construyeron algo más de cinco.
Aun así, aquel pequeño fragmento fue suficiente para dejar una huella que todavía hoy podemos reconocer en el distrito.
El problema que Arturo Soria quería resolver
Para entender la Ciudad Lineal hay que imaginar primero el Madrid de finales del siglo XIX.
La población estaba creciendo con rapidez. El centro concentraba viviendas, actividad económica y servicios, mientras comenzaban a aparecer problemas relacionados con el hacinamiento, la higiene, el precio del suelo y las dificultades de movilidad.
Las ciudades crecían fundamentalmente desde el centro hacia fuera.
Cuanto más importante era una zona, más se concentraban allí las viviendas y actividades. Y cuanto más crecía la ciudad, más complicado resultaba desplazarse desde la periferia hasta ese núcleo.
Arturo Soria planteó prácticamente lo contrario.
En lugar de crear una ciudad que se expandiera formando círculos alrededor de un centro, propuso hacerla crecer siguiendo una línea.
Esa línea estaría determinada fundamentalmente por el transporte.
La idea comenzó a formularla públicamente en 1882 y acabaría convirtiéndose en el proyecto de Ciudad Lineal que desarrolló durante los años siguientes.
¿Por qué se llamaba Ciudad Lineal?
El nombre describe literalmente cómo debía organizarse.
En vez de una ciudad que crecía alrededor de una plaza, un centro histórico o un núcleo administrativo, la propuesta consistía en crear una franja urbana alargada.
Arturo Soria llegó a resumirla como una gran calle de aproximadamente 500 metros de anchura cuya longitud podía extenderse todo lo necesario.
Por el centro de esa franja circularía el transporte.
Alrededor se distribuirían las viviendas, servicios, comercios y equipamientos.
Y a poca distancia de las casas seguiría existiendo campo abierto.
Esta última parte era importante porque uno de los objetivos de Soria era acercar dos mundos que hasta entonces parecían incompatibles: las ventajas de vivir en la ciudad y las ventajas de vivir en el campo.
No pretendía crear simplemente una urbanización de chalés.
El proyecto buscaba desarrollar una ciudad completa.
“Ruralizar la ciudad y urbanizar el campo”
Una de las ideas que mejor resume su planteamiento era conseguir que la ciudad tuviera más naturaleza y que el campo dispusiera de mejores comunicaciones y servicios.
En la Ciudad Lineal, las viviendas debían contar con espacio exterior.
La propuesta daba un papel fundamental a las casas unifamiliares con jardín y huerta, concebidas como una alternativa a las viviendas densamente agrupadas del centro.
La naturaleza no debía quedar concentrada únicamente en grandes parques alejados de las casas.
La intención era que formase parte de la vida cotidiana.
Además, ese modelo no estaba pensado, al menos en teoría, exclusivamente para las clases más acomodadas.
Arturo Soria defendía la convivencia de diferentes grupos sociales dentro de la nueva ciudad, aunque las características y dimensiones de las parcelas pudieran variar.
Era un planteamiento muy ambicioso para su época: transporte público, viviendas más saludables, naturaleza próxima y menor presión especulativa sobre el suelo.
El transporte era la columna vertebral del proyecto
Quizá el aspecto más moderno de la propuesta sea que Arturo Soria entendió que una ciudad dependía directamente de cómo podían moverse sus habitantes.
Por eso el transporte no apareció después de construir las viviendas.
Era precisamente el elemento que debía organizar la ciudad desde el principio.
El gran eje central estaría recorrido por un ferrocarril-tranvía capaz de transportar tanto viajeros como mercancías.
Las casas se distribuirían alrededor de esa línea.
De esta forma, la distancia respecto al centro tradicional de Madrid tendría menos importancia porque los habitantes dispondrían de transporte público cerca de sus viviendas.
La lógica era bastante sencilla: en lugar de construir barrios y preguntarse posteriormente cómo conectarlos, primero se define el eje de transporte y después se construye alrededor.
Los antiguos tranvías acabarían siendo esenciales para la Ciudad Lineal que realmente llegó a desarrollarse y merecen un artículo independiente.
Un proyecto que pretendía rodear Madrid
La escala prevista era enorme.
Arturo Soria imaginó una Ciudad Lineal de aproximadamente 48-50 kilómetros de longitud que rodearía Madrid y conectaría distintas poblaciones de su periferia.
El trazado proyectado debía pasar cerca de localidades como Fuencarral, Hortaleza, Canillas, Vicálvaro, Vallecas, Villaverde, los Carabancheles o Pozuelo de Alarcón.
Muchas de ellas eran entonces municipios independientes o núcleos claramente separados de Madrid.
Hoy resulta difícil imaginarlo porque la ciudad terminó creciendo hasta absorber buena parte de aquellos espacios.
La Ciudad Lineal debía funcionar casi como un gran cinturón urbano comunicado mediante transporte público, evitando que todo el crecimiento madrileño tuviera que seguir concentrándose alrededor del casco existente.
Era un proyecto extraordinariamente ambicioso.
Y ahí estaba también uno de sus principales problemas.
La Compañía Madrileña de Urbanización: convertir la idea en realidad
Diseñar la Ciudad Lineal sobre el papel era una cosa.
Construirla requería comprar terrenos, urbanizarlos, crear transportes, instalar servicios y conseguir que familias y negocios quisieran establecerse allí.
Para hacerlo posible, en 1894 se constituyó la Compañía Madrileña de Urbanización, conocida habitualmente por sus siglas CMU.
Arturo Soria pasaba así de desarrollar una teoría urbanística a intentar materializarla.
La compañía adquiría terrenos, desarrollaba infraestructuras, construía y vendía parcelas y gestionaba distintos servicios vinculados a la nueva ciudad.
Las primeras grandes actuaciones urbanizadoras comenzarían a finales de la década de 1890.
Y durante los años siguientes empezó a aparecer una verdadera comunidad a lo largo del nuevo eje.
¿Cuánto llegó realmente a construirse?
Aquí conviene separar muy bien el proyecto de la realidad.
La Ciudad Lineal imaginada por Arturo Soria debía acercarse a los 50 kilómetros.
Lo que llegó a materializarse fue aproximadamente una décima parte.
Las fuentes municipales sitúan el tramo construido en unos 5-5,3 kilómetros, aproximadamente entre la antigua carretera de Aragón y el Pinar de Chamartín.
Gran parte de ese trazado coincide con el eje que hoy identificamos con la calle de Arturo Soria.
Por tanto, cuando hablamos de la Ciudad Lineal histórica no estamos hablando de todo el actual distrito.
Estamos hablando principalmente de aquella franja urbana creada alrededor de la línea que atravesaba esta parte de Madrid.
Este matiz es fundamental para entender la historia.
La Ciudad Lineal empezó a convertirse en un barrio real
Aunque solo se completase una pequeña parte, el proyecto dejó de ser rápidamente una idea teórica.
Se construyeron viviendas, llegaron habitantes y aparecieron servicios.
A comienzos del siglo XX la Ciudad Lineal ya tenía una población considerable. En 1911 rondaba los 4.000 habitantes y unas 700 viviendas.
Muchas de aquellas casas respondían al concepto de vivienda rodeada de espacio libre que había inspirado el proyecto.
Pero la Ciudad Lineal también necesitaba colegios, comercios, espacios de ocio y lugares de encuentro.
Poco a poco fue desarrollando una vida propia.
Había teatro, velódromo, frontón y espacios de ocio
Una de las partes menos conocidas de la historia del distrito es que la antigua Ciudad Lineal tuvo una oferta de entretenimiento bastante importante.
Existió un Parque de Diversiones de Ciudad Lineal, además de instalaciones deportivas y espacios dedicados a espectáculos.
Entre ellos destacaron un velódromo y un gran frontón, que posteriormente fue utilizado como teatro al aire libre bajo el nombre de Teatro Kursaal.
El frontón tenía capacidad para miles de personas y no servía únicamente para actividades deportivas. Podía albergar espectáculos, conciertos y otros acontecimientos.
Esto ayuda a romper una imagen demasiado simplificada del proyecto.
La Ciudad Lineal no era una sucesión de chalés junto a un tranvía.
Arturo Soria quería crear una auténtica ciudad con vivienda, transporte, servicios, deporte, cultura y ocio.
Y esa vida social será también fundamental para entender posteriormente la relación del distrito con los primeros años del cine.
La revista La Ciudad Lineal
Arturo Soria comprendió además que necesitaba explicar y defender constantemente su proyecto.
Para ello impulsó una importante actividad editorial.
En 1897 comenzó a publicarse la revista La Ciudad Lineal, vinculada a la Compañía Madrileña de Urbanización.
La publicación servía para difundir las ideas urbanísticas de Soria, explicar los avances de la urbanización y promocionar el proyecto.
Pero terminó teniendo un interés mucho mayor porque trataba cuestiones relacionadas con urbanismo, vivienda, transporte y organización de las ciudades.
Por ese motivo se considera una publicación pionera dentro de la divulgación urbanística.
La propia compañía llegó a contar con una imprenta para producir revistas, planos, folletos y otros documentos relacionados con Ciudad Lineal.
Gracias a todo aquel material conocemos hoy mucho mejor cómo se imaginaba y cómo fue creciendo el proyecto.
¿Por qué no se construyeron los 50 kilómetros?
No existe una única explicación.
Construir una infraestructura urbana de semejante escala requería enormes cantidades de capital, y la Compañía Madrileña de Urbanización tuvo dificultades económicas para continuar desarrollando un proyecto tan ambicioso.
A ello se sumaron acontecimientos históricos y económicos que complicaron todavía más su expansión.
La muerte de Arturo Soria en 1920 también supuso la desaparición de la persona que había impulsado la idea desde su origen.
La compañía continuó existiendo y desarrollando actividades, pero la Ciudad Lineal completa que había imaginado su fundador nunca llegó a construirse.
Con el paso del tiempo Madrid siguió creciendo utilizando otros modelos urbanos.
La ciudad terminó extendiéndose alrededor de aquella primera Ciudad Lineal en lugar de continuar el gran anillo previsto por Soria.
Madrid terminó alcanzando a la Ciudad Lineal
Hay otra paradoja interesante.
La Ciudad Lineal se había proyectado inicialmente fuera del Madrid consolidado, atravesando terrenos pertenecientes entonces a municipios independientes como Canillas o Chamartín de la Rosa.
Pero Madrid siguió creciendo.
Durante el siglo XX varios de aquellos municipios fueron incorporados a la capital.
La urbanización empezó a rodear las viviendas de la antigua Ciudad Lineal y la sensación de vivir en una franja relativamente aislada entre campo fue desapareciendo.
Lo que originalmente había nacido en la periferia terminó completamente integrado dentro de Madrid.
Y esa transformación se aceleraría especialmente a partir de mediados del siglo XX.
La gran transformación llegó durante las décadas posteriores
A partir de los años cincuenta y, sobre todo, durante las décadas de 1960 y 1970, esta parte de Madrid vivió una transformación urbanística enorme.
El crecimiento de la población aumentó la presión sobre el suelo.
Muchas parcelas originalmente ocupadas por viviendas unifamiliares podían aprovecharse para construir edificios de varias plantas.
Los cambios en las ordenanzas urbanísticas facilitaron esa transformación.
Numerosos antiguos hoteles y villas fueron derribados y sustituidos por bloques de viviendas, oficinas y nuevas construcciones.
También cambió radicalmente el tráfico.
La antigua vía que había sido concebida alrededor de un tranvía terminó convirtiéndose en una importante calle urbana recorrida por miles de vehículos.
La idea original de una ciudad de baja densidad rodeada de jardines fue desapareciendo progresivamente.
¿Queda algo de aquella Ciudad Lineal?
Sí, aunque hay que saber dónde mirar.
La transformación ha sido tan profunda que alguien que recorra hoy Arturo Soria sin conocer su historia difícilmente imaginará cómo era la zona hace un siglo.
Pero siguen existiendo algunos restos.
Se conservan antiguas viviendas y hoteles pertenecientes a la primera Ciudad Lineal, especialmente en determinados tramos del eje histórico.
Uno de los ejemplos relacionados directamente con Arturo Soria es Villa Rubín, donde residió el propio urbanista desde 1908.
También permanecen determinados jardines, árboles y elementos urbanos vinculados a aquella etapa.
Y, por supuesto, el elemento más evidente es el propio trazado de la calle Arturo Soria.
Aunque su aspecto actual sea completamente diferente, seguimos desplazándonos sobre buena parte del eje alrededor del cual se desarrolló la primera barriada.
El Parque de los Cedros y el recuerdo de Arturo Soria
Otro punto interesante para comprender el legado se encuentra en el actual Parque de los Cedros, junto a la calle Arturo Soria.
El parque aprovecha parte de los jardines procedentes de una antigua villa de Ciudad Lineal y conserva ejemplares arbóreos de gran porte.
Allí se encuentra un monolito dedicado a Arturo Soria, instalado para conmemorar el centenario de su proyecto.
No es el único recuerdo del urbanista presente en el distrito, pero puede convertirse en una parada especialmente interesante dentro de una futura ruta histórica.
Porque este tipo de pequeños elementos permiten pasar de leer sobre la Ciudad Lineal a buscar físicamente sus huellas sobre el terreno.
La calle Arturo Soria no siempre fue como la vemos hoy
Quizá una de las mejores formas de comprender cuánto ha cambiado el proyecto sea comparar fotografías antiguas con la calle actual.
La antigua Ciudad Lineal tenía grandes parcelas, chalés, jardines y una línea de transporte que recorría el eje central.
Hoy encontramos edificios residenciales, colegios, oficinas, comercios y tráfico intenso.
Quedan árboles y algunas parcelas que todavía recuerdan aquel urbanismo de menor densidad, pero el conjunto ha cambiado radicalmente.
Por eso una futura ruta histórica por Arturo Soria puede resultar mucho más interesante si se hace con fotografías antiguas en la mano.
Hay lugares en los que resulta difícil creer que estás mirando exactamente el mismo punto.
La Ciudad Lineal histórica no es el actual distrito de Ciudad Lineal
Este es probablemente el error más importante que hay que evitar.
Hoy Ciudad Lineal es uno de los 21 distritos administrativos de Madrid.
Está dividido en nueve barrios: Ventas, Pueblo Nuevo, Quintana, La Concepción, San Pascual, San Juan Bautista, Colina, Atalaya y Costillares.
Ese territorio administrativo no coincide exactamente con la Ciudad Lineal concebida por Arturo Soria.
El proyecto histórico era una franja urbanística desarrollada alrededor de un eje, mientras que el distrito actual ocupa un territorio mucho más amplio y engloba barrios con historias y orígenes diferentes.
Es decir, La Elipa o Pueblo Nuevo forman hoy parte de Ciudad Lineal porque pertenecen al distrito administrativo, pero eso no significa que fueran originalmente parte de la urbanización diseñada por Arturo Soria.
Del mismo modo, el proyecto completo que imaginó Soria se habría extendido muchísimo más allá de las fronteras del distrito actual.
Cuando diferenciamos ambos conceptos, muchas piezas empiezan a encajar.
Entonces, ¿por qué el distrito se llama Ciudad Lineal?
Porque el proyecto de Arturo Soria dejó una huella enorme en esta parte de Madrid.
Aunque solo se construyera una fracción de la ciudad prevista, el eje desarrollado acabó convirtiéndose en una de las referencias principales de la zona.
La calle Arturo Soria continúa atravesando buena parte del distrito y la denominación Ciudad Lineal terminó asociándose al territorio que creció alrededor de aquel proyecto.
Con el tiempo, el nombre pasó de identificar fundamentalmente aquella experiencia urbanística a identificar también una división administrativa de Madrid.
Es un buen ejemplo de cómo un proyecto que nunca llegó a completarse terminó dando nombre a toda una parte de la ciudad.
Una idea madrileña que terminó siendo conocida fuera de España
La Ciudad Lineal tampoco fue únicamente una curiosidad local.
Las ideas de Arturo Soria se difundieron internacionalmente y fueron presentadas y debatidas en exposiciones y congresos de urbanismo fuera de España.
Su propuesta despertó interés porque planteaba cuestiones que siguen siendo actuales: cómo organizar el crecimiento de las ciudades, cómo integrar transporte y vivienda y cómo mantener el contacto con la naturaleza.
El concepto de desarrollo urbano lineal tuvo posteriormente interpretaciones y aplicaciones muy diferentes en otros países.
Eso no significa que las ciudades actuales estén reproduciendo literalmente el modelo de Arturo Soria, pero sí demuestra que aquella propuesta madrileña tuvo una repercusión mucho mayor de lo que podría imaginar alguien que hoy simplemente utiliza la calle Arturo Soria para ir al trabajo.
Mirar Ciudad Lineal de otra manera
Conocer esta historia cambia bastante la percepción del distrito.
La próxima vez que recorras Arturo Soria puedes imaginar un paisaje completamente diferente: tranvías circulando por el eje, viviendas bajas rodeadas de jardín, parcelas con huerta y grandes espacios todavía sin urbanizar alrededor.
Puedes pensar también que aquella calle no estaba diseñada como una avenida más.
Era el corazón de una ciudad nueva.
Y aunque aquella Ciudad Lineal desapareció en gran parte bajo el crecimiento posterior de Madrid, todavía quedan suficientes rastros para reconstruir su historia.
En Agenda Ciudad Lineal iremos entrando precisamente en esos detalles: dónde estaban los antiguos tranvías, qué villas permanecen, qué espacios de ocio existieron, qué relación tuvo la zona con el cine y qué recorrido se puede hacer actualmente para buscar las huellas del proyecto.
Porque entender la Ciudad Lineal de Arturo Soria no es solamente conocer una curiosidad urbanística del siglo XIX.
Es entender por qué el distrito en el que vivimos se llama así.
